Tras meses de trabajo, Patri y Elena terminaron el máster que estaban realizando con Villa Excélsior como objeto. El trabajo es, muy resumidamente, un amplio estudio sobre la recuperación de la Villa para su utilización como centro artístico y de dinamización local, y consiste en diversos informes sobre antecedentes históricos, situación actual de la zona en lo que a aspectos sociales y culturales se refiere, objetivos a cumplir, necesidades económicas, etc.
Durante meses, ellas y un servidor nos hemos estado escribiendo y, una vez terminado y expuesto en la universidad, finalmente Patri ha tenido la amabilidad de enviarme su trabajo.
Me ha parecido interesante pegar aquí el extracto del mismo que se refiere a la historia y descripción de la villa, con unas fotos que en su día me envió Héctor y otra foto antigua del salón del billar que me envió Isotxa, a la que echamos de menos.
Gracias a Patri una vez más.
La Villa de las Artes
Contexto Histórico
Para entender el valor patrimonial que tiene la Villa en Luarca es necesario de donde su construcción, quienes fueron sus artífices, la época en que se construyó: eso permitirá entender otros aspectos significativos para el proyecto en cuestión.
A comienzos del siglo XX se inician por esta zona costera occidental, aunque también hacia el interior, una serie de chalets modernistas, fruto del viaje de aquellas personas que se iban a ultramar a hacer las Américas y que, sino volvían físicamente, enviaban parte de lo recaudado como muestra y para levantar una de estas construcciones familiar o para todo el pueblo. Este es el caso de Méndez de Andes sobrino y heredero único del también llamado Manuel Méndez de Andes, que emigra a Argentina de niño con toda su familia en busca de una vida mejor y huyendo de las penurias que existían en la región.
Así es como tras varios años en Buenos Aires decide abrir una fábrica de tabacos La Abundancia, en el año 1874, donde se producían los famosos cigarrillos Excélsior. Gracias al éxito que estos tuvieron entre los fumadores porteños, logra reunir una gran cantidad de dinero haciendo posible la construcción de dos palacetes, uno en Buenos Aires y otro en Asturias. Y es que en estos momentos era uno de los hombres más ricos de Buenos Aires. Es además importante saber que Manuel Méndez de Andes era un hombre filántropo y amante del arte como muchos indianos, por tanto la Villa encajaba perfectamente dentro de este espíritu artístico y cultural. Vivía a medio camino entre Argentina y Luarca, mientras que su mujer y sus hijos vivían aquí. Pero este gran esplendor no duró demasiado ya que la fábrica fue quebrando poco a poco, seguida de las excesivas apuestas y generosidad de Manuel, además del estallido de la Primera Guerra Mundial. Una vez ya arruinado se negó a volver a Luarca por miedo de enfrentarse al fracaso. Manuel murió en el barco que le traía a su lugar de origen.
Características Formales
Esta arquitectura es creada por arquitectos que introducen en Asturias el Modernismo de influencia francesa y catalana, sobre todo por el reconocido arquitecto Manuel del Busto. Estas construcciones se caracterizan por estar rodeadas de un jardín que es en cierta manera lo que las hace únicas, dándole ese toque exótico y romántico.
La Villa es una construcción modernista tipo palacete-chalet finalizada en 1912, por Manuel del Busto que se encontraba en esos momentos finalizando el Casino de Luarca. El diseño de esta villa es uno de los proyectos de mayor empaque y singularidad, ocupando dentro lo que se ha conocido como arquitectura retórica, un lugar destacado. Este estilo era perfectamente dominado por del Busto, que solamente lo reservaba para aquellos clientes más atrevidos y por supuesto adinerados.
Su planta de tipo rectangular mide 30m de largo x 20 m de ancho, y está cercada por un muro de piedra, un amplio jardín y las caballerizas. Consta de cuatro pisos en altura, finalizando en una torre que se convierte en su tercer piso en un mirador y al otro lado una terraza plana exterior.
La planta se consigue a través de la acumulación de cuerpos irregulares divididos a su vez cada uno de ellos, y que varían en su fachada con cubierta independiente para cada volumen. Existen dos accesos uno delantero y uno trasero. Por el delantero accedemos a través de un porche con dos escalinatas laterales, y por la parte trasera también a través de una escalera pero esta vez más discreta, adosada al muro y sin ornamentación. Mientras que desde la fachada principal accedemos al recibidor, el gran salón y otras dependencias más pensadas para visitas, por detrás accedemos a la cocina, baños y una escalera que nos lleva al piso donde se encuentran las habitaciones. Esto es normal ya que la fachada principal más ornamentada es la que se quiere mostrar al invitado y la que debe de llevarnos a la parte más noble, mientras que la trasera no tiene ornamentación y es más austera ya que no interesa tanto estos detalles.
Su fachada es lo que más llama la atención y es que sus valores cromáticos son una mezcla entre el blanco de los muros, el gris de la pizarra y el verde de los azulejos de la cúpula, elemento este procedente del modernismo catalán. Las soluciones ornamentales son típicas del Art Nouveau con temáticas florales que ocupan capiteles, impostas y rejería. Estas técnicas ornamentales junto con los volúmenes independientes consiguen dar a la fachada movimiento y ligereza, además de convertir a Villa Excélsior como peculiar y única entre el resto de construcciones de esta tipo, ya que se utiliza aquí una mayor libertad creativa. Por eso es considerada como una de las villas más importantes en la región.
El Jardín
Podría decirse que en aquellos momentos este jardín era difícilmente de igualar, tanto por sus enormes dimensiones como por la variedad de plantas que poseía, era un lugar diseñado a capricho en sintonía con el resto de la casa. Fue diseñado por un jardinero de la Corte llamado Mújica, que incluyó en él árboles de raras especies y exóticas tales como palmeras de Washington, magnolios japoneses, el cedro azul del Himalaya (Líbano) o los cipreses de Lawson así como paseos y plazuelas, una pista de tenis, una fuente de columnatas, un cenador o una pérgola. El jardinero de la casa, Benigno González se encargaba de su cuidado.






