La Navidad me ha hecho un dramático regalo anticipado.
Le decía a Mariam ayer que es increíble comprobar cómo, a veces, las cosas vuelven a ti del modo más extraño. Es sorprendente comprobar cómo el mundo, la vida, parece a veces un reloj de precisión que pone todo en su sitio.
Entre los restos de un incendio que, desgraciadamente, le ha costado a alguno todo lo que tenía y a mí 3.285 días de recuerdos (buenos y malos), aparece lo que podéis ver en las fotos.
Que de los abrazos y las lágrimas yo haya obtenido esto me hace sentir un poco mal. Que de la estupidez de alguno me llegue este regalo, no puede hacerme más feliz.
La historia de este toallero de Villa Excélsior, desde 1912 hasta ahora, podría ser motivo de un libro que se parecería a otros ya escritos, si es que alguien tuviese ganas de escribirlo. Y el caso es que, milagrosamente, ha sobrevivido al tiempo, al abandono y a la desidia tanto de de la familia Méndez de Andés como a la de su último propietario.
Cómo llegó mi toallero (porque ahora es mío) a la casa calcinada de las fotos es uno más de los misterios de la villa. La versión oficial, que yo solo pongo en duda cuando pienso mal de casi todo el mundo (que es, desgraciadamente para mí, a menudo), es que Esther, supongo que porque casi todo le daba igual entonces, regaló el toallero a un rendido admirador (del toallero). Y con el tiempo, el famoso toallero volvió a la vida y a su función en la casa -que ya no es- de las fotos.
Cuando el otro día, en medio de aquella desolación ajena y casi propia, recordé que el precioso toallero debería estar allí enterrado, salté por la ventana desvencijada del baño y no pude encontrarlo. Lo supuse destrozado, con las barras rotas y el metal fundido, y salí de allí intentando coger aire. En otra época con menos química en mi cuerpo, hubiese llorado amargamente, pero el otro día decidí olvidarlo al instante. Hasta que la persona menos indicada lo rescató entre los negros escombros y me lo entregó sin decir nada.
Aún huelo el humo.
Aún me duelen los dedos de frotar.
Aprovecho y os felicito la Navidad y el año a todos desde aquí.
Besos.
Nota: Me escribe Belén Pérez para preguntarme cómo se puede acceder a la casa, ya que ella y un amigo suyo, Fran Balseiro, querrían fotografiar la villa. Ya le he explicado la situación. Belén también me hace llegar un enlace a la página de Fran, que tiene unas fotografías preciosas y me gustaría compartirla con vosotros:
Fran Balseiro






Me alegro que se salvara del incendio, también me alegro de que esté en unas manos que lo van a mimar como se merece. Es una alegría ver una entrada así. Felices fiestas a todos.
los incendios dejan un penetrante olor a tristeza, a impotencia, me alegro que dentro de lo malo, al menos esto sobreviviera.
Merece la pena el dolor de dedos. Lo has dejado precioso.
Ahora ponle una toalla que le haga honor eh?
Muxu
¿Con mis iniciales bordadas?
Para mi gusto que está demasiado limpio…
Ya era hora de leerte, ¿estáis bien?
Besos.
Yo te bordaria el ajuar completito, que el punto de cruz se me da de lujo, pero claro, los ajuares son para los casaderos, y este año los diseños de Rosa Clará no son muy allá, te aviso.
Pues si tus bordados dependen de mi boda, va a ser que no. He decidido que, a menos que me retiren, yo sigo soltero. Y al paso que vamos, volveré a ser virgen antes que matrimoniado. Bueno, para ser virgen me queda na, por si esto tiene algún interes para ti.
Cuanto tiempo sin aparecer por aquí….. y que conste que no me olvido NUNCA de este sitio ni de su anfitrión, hoy sin ir más lejos venía en el coche pensando en él, en ti, Zanobbi. Te mando un beso, espero que estés bien.
Devolverle la vida a ese precioso toallero es una manera de vencer a la ruina y a la desidia que rodean a la Villa y también pienso que es otro motivo mas para no olvidarse de las dos,de la Villa y de Esther.
Saludos para todos.
Cierto. Ahora tengo que buscarle sitio, antes de que sus numeros@s novi@s me asesinen para arrebatármelo… Abrazo.